Pedro Páramo y la Comala potosina

“Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo.”

Llegué a Pedro Páramo por Comala, o mejor dicho, por mi Comala. Tras visitar una buena parte de México, el encuentro con Cerro de San Pedro, abandonado pueblo minero en los orígenes de la actual San Luis Potosí, traje a mi imaginario el mítico nombre de aquel lugar de desolación creado por Juan Rulfo.


Dice Jorge Volpi: “Porque Comala, a diferencia de lo que muchos afirman, nada tiene que ver con la Comala -un pueblecito de casas blanquísimas en el estado de Colima-, pero tampoco con el real infierno. La Comala de Rulfo -él dice haber elegido el nombre por la referencia al «comal» en el que se calientan las tortillas y, por tanto, a su cercanía al fuego- no es una metáfora del inframundo o del Hades; se trata, por el contrario, de algo peor: un sitio intermedio, una orilla, una especie de trampa en la que algunas almas continúan penando, incapaces de encontrar consuelo o, de menos, la certidumbre del castigo eterno.”

 

Publicada en 1955 la novela condensa en apenas 150 páginas todo un universo de árida desolación y muerte, pero a la vez de una poderosa vitalidad. Una  obra tan breve como intensa, de una intensidad turbadora, densa, de paredes de adobe, de caminos de tierra y de colores ocres. Con un lenguaje plástico y directo, de sintáxis sin artificio y de estructura compleja y fantasmal.

 “Era ese tiempo de la canícula, cuando el aire de agosto sopla caliente, envenenado por el olor podrido de las saponarias.”

Son continuos los personajes que, más muertos que vivos, se suceden en el relato. Una obra que se sitúa en las referencias precursoras de ese realismo mágico tan importante en la literatura hispanoamericana del siglo XX.

Sugiere Volpi que quizá Juan Rulfo leyó la primera traducción que se publicó en México de The Waste Land de T. S. Eliot. El título se tradujo por El páramo.

Finalizo también con las últimas palabras de la novela, con Pedro Páramo ya presente.

 “Después de unos cuantos pasos cayó, suplicando por dentro; pero sin decir una sola palabra. Dio un golpe seco contra la tierra y se fue desmoronando como si fuera un montón de piedras.”

1 Comentario

  • Ana María27 febrero 2013 a las 18:20

    Maravillosas fotos ilustran este sabroso comentario sobre uno de los libros clave en la literatura mexicana pero también del retrato del alma de un pueblo como el mío, mágico, con gente que sufre, que es pobre y que convive ( si se aplica el término) con la muerte

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