Premio Alhameño Oriundo 2025

El pasado viernes 27 de febrero de 2026 tuvo lugar la XXXIV edición de los Premios Alhama, unos galardones creados en 1992 por el Patronato de Estudios Alhameños y que, a lo largo de estas más de tres décadas, han reconocido a 237 personas y entidades. Se trata, sin duda, del mayor reconocimiento que se entrega en la ciudad y uno de los actos más significativos para preservar la memoria, la identidad y el orgullo colectivo de Alhama de Granada.

En esta edición recibí el Premio Alhameño Oriundo 2025, una distinción que viví con profunda emoción. No solo por lo que significa en términos personales y familiares, sino por lo que representa institucionalmente: el vínculo entre las raíces y el compromiso con el territorio desde la responsabilidad pública.

Alhama ha sido siempre parte de mi historia, aunque no naciera aquí. Es la tierra de mi madre y de mi abuela; el lugar de las historias contadas al calor de la memoria familiar. Pero es también un territorio con el que hoy mantengo un compromiso profesional desde mi responsabilidad en la Universidad de Granada, trabajando para que la universidad esté cada vez más presente en los municipios y comarcas de la provincia, acompañando procesos de desarrollo, innovación y cohesión territorial.

Recibir este premio fue, por tanto, una vuelta simbólica al origen. Un reconocimiento que ofrezco a mi familia —a quienes me precedieron y a quienes caminan hoy conmigo— y que asumo como un compromiso renovado con Alhama y su comarca.

A continuación, comparto el texto completo del discurso pronunciado durante el acto de entrega.

DISCURSO PRONUNCIADO EN LA RECOGIDA DEL PREMIO

Querido presidente, querido Raúl, y miembros del Patronato de Estudios Alhameños; Querido alcalde; Querida presidenta de la mancomunidad; autoridades; premiados y premiadas; vecinos y vecinas de Alhama; familia y amigos:

Recibir el Premio Oriundo de Alhama es un honor profundo y, sobre todo, una emoción difícil de expresar con palabras. Quiero comenzar agradeciendo sinceramente al Patronato y a todas las personas que hacen posible estos premios año tras año, porque no solo reconocen trayectorias, sino que mantienen viva la memoria, el vínculo y el orgullo de un pueblo con una historia extraordinaria.

Permítanme también felicitar al resto de las personas premiadas esta noche. Compartir este reconocimiento con vosotros y vosotras lo hace aún más valioso. Y gracias a todos los asistentes por acompañarnos; vuestra presencia da sentido a este acto y refuerza el compromiso institucional que supone.

Hoy quiero empezar por lo esencial, el origen: mi familia. Aquí están mis tíos, mi tía Lourdes y mi tío Pepe, criados aquí. Y, de manera muy especial, mi madre, Charo Frías Ariza y mi abuela Juana Ariza Ruiz, nacidas y criadas en Alhama de Granada.

Si alguien ha hecho posible este premio, son ellas. Por tener sus raíces en esta tierra fantástica, con tanta historia y tan importante para nuestra Granada. Una tierra que ha dado tantas personas ilustres.

Yo no me crié en Alhama. Nací y crecí en Granada capital. Sin embargo, Alhama siempre ha formado parte de mi imaginario familiar. Mi abuela nació aquí en 1933, ella y sus hermanas, en una historia que encierra dificultades e historias de superación en una España que sobrevivía a la guerra, que se reconstruía en medio de la escasez y la dictadura, que buscaba oportunidades allí donde apenas quedaban.

Falta hoy aquí mi abuelo Natalio Frías, nacido en Béznar, quien trabajando en el economato del Pantano de los Bermejales, durante su construcción, conoció a mi abuela en una de las visitas a Alhama. Aquí formaron su familia y criaron a sus hijos hasta que en los años 70 se marcharon a Granada capital. El contacto y las raíces siguieron presentes a través de su hermana Mari y esposo Jeromo, que fue policía municipal. También a través de los que se marcharon a tierras más lejanas como su hermana Loli y su esposo José Espejo, que en 2015 recibió el premio Alhameño del año.

De mi niñez y de la de mis primos perduran los recuerdos de visitas al pueblo, así como las míticas tortas de miel y las empanadillas. También escuchar a mi abuelo Natalio y a mi tío Pepe hablar del vinillo del terreno que venían a comprar a Alhama cada año. Así Alhama ha estado siempre presente. 

Sin esperarlo a veces la vida te devuelve parte de tus raíces. Hoy como un recuerdo, pero también con un compromiso.

En mi labor como vicerrector de la Universidad de Granada tengo encomendada la estrategia de la universidad en el territorio. Eso significa salir de los muros de la institución y proyectarnos hacia los municipios, hacia las comarcas, hacia quienes sostienen la vida cotidiana de nuestra provincia.

Y debo decir algo con claridad: no todos los territorios muestran el mismo interés y entusiasmo por buscar esa conexión con nosotros. Pero aquí, en el municipio de Alhama y en su Mancomunidad, a través de su alcalde, Jesús, y de su presidenta, Ana Belén, siempre hemos encontrado una voluntad firme de colaboración, un anhelo por que la universidad sea motor de desarrollo. Han estado presentes en numerosas ocasiones y es nuestro compromiso estarlo también en esta tierra.

No tenemos soluciones mágicas. Pero sí tenemos conocimiento, talento joven, capacidad de innovación y, sobre todo, compromiso. En lo personal, afirmo hoy aquí el mío propio para seguir trabajando de la mano de las instituciones y de quienes luchan cada día por el desarrollo de esta comarca.

Querido alcalde, querido Jesús, gracias por tu bienvenida y por tu empeño. Querida presidenta, Ana Belén, gracias por representar e impulsar con tanto tesón esta comarca. Gracias a todas las personas que desde lo local sostienen el futuro de nuestros pueblos.

Termino ofreciendo este premio. Se lo ofrezco a mi abuela, que con generosidad infinita me ha criado durante tantos años, ayudando a mis padres. A mis padres, Miguel y Charo, que han sido la mayor bendición de mi vida por traerme al mundo y dejarme vivirlo desde la libertad con su apoyo.

Y de manera muy especial, a quien más sufre y comparte los esfuerzos del día a día para desarrollar estar labor profesional que hoy se reconoce, a mi mujer Marianela. No puedo agradecerte lo suficiente todo lo que haces. Esta misma semana ha sido una verdadera locura de trabajo y conciliación. En apenas dos días y medio, he tenido que viajar de Ceuta a Madrid y volver a Granada. En los próximos días nos tocará también defender en Madrid el proyecto de Capital Europea de la Cultura para Granada, con su provincia muy presente. Toda esa dedicación representa tiempo que les resto a ella y a mis hijos, a Julia y a Mateo. Cada día intento compensar ausencias llevándoos al colegio, acostándoos, ayudando con los deberes, celebrando cada avance, cada palabra nueva, cada pequeño logro.

Si algo puedo ofreceros con mis ausencias es el ejemplo de un compromiso con lo público, con el bien común, con intentar que el mundo que heredéis sea un poco mejor que el que recibimos. Os quiero.

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Esteban Romero Frías

Catedrático de la Universidad de Granada. Vicerrector de Innovación Social, Empleabilidad y Emprendimiento. Innovando desde MediaLab UGR. Transformando desde ReDigital.