La escuela del aburrimiento

Estreno mi año de lecturas con un estimulante ensayo titulado La escuela del aburrimiento escrito por Luigi Amara y publicado por Sexto Piso, una prometedora editorial de origen mexicano que cuenta en su haber con obras como la recientemente reseñada por Vicente Luis Mora, La cerca, de Jean Rolin.

La escuela del aburrimiento es un ensayo-experimento en el que el autor afronta el punto de inflexión de los 40 años para recluirse durante 40 días en su habitación acompañado de una selección de libros. Se expone al motivo pascaliano de la soledad del propio cuarto. Posteriormente como terapia de shock se marcha a Las Vegas para experimentar la otra cara del aburrimiento en el lugar donde este estado parece haber sido abolido.

El momento que Luigi Amara elige para llevar a cabo su ensayo-experimento no es baladí. Se trata de ese recodo en el camino que suponen los 39 años, fecha que supone una pausa para la decisión: muerte o renacimiento. Se apoya en una amplia lista de figuras que bien cayeron a esa edad o renacieron (la terminología es mía en este caso).

  • Caídos:
    • (escritores) Pascal, Leopardi, Dylan Thomas, Boris Vian, Flannery O’Connor, Edgar Allan Poe, Kafka, Jack London;
    • (compositores) Chopin;
    • (revolucionarios) Madero, Zapata, Martin Luther King, Malcom X, el Che Guevara.
  • Renacidos:
    • Montaigne, que escribe sus Ensayos tras un accidente ecuestre;
    • Borges que, tras sufrir un golpe en la cabeza que derivó en una grave infección, escribe, atormentado ante la posibilidad de haber perdido su capacidad de escribir, “Pierre Menard, autor del Quijote”;
    • Andy Warhol, que sufre un atentado que supone también una inflexión en su actividad creadora.

Señala Amara que el ser humano, hasta hace no mucho llamado a vivir un máximo de 40 años, quizá psicológicamente se ve impelido a realizar una reflexión decisiva sobre qué hacer con ese extra de tiempo del que ahora disfrutamos. Es un enfrentamiento con el propio yo, un cara a cara con el tedio vital que supone la exploración del ensayo.

Amara parte del reconocimiento de que “la ansiosa batalla que se libra en todos los rincones contra el aburrimiento es la mejor prueba de su apogeo” (p. 21). El aburrimiento se concibe como auto-interpelación vital, como “un espejo implacable que nos devuelve, tanto en las ideas como en las cosas, nuestra propia incapacidad” (p. 22). Si bien el hombre trata de zafarse del tedio por todos los medios, se trata de una empresa inútil. “Pero tarde o temprano, al no encontrar nada sobre la faz de la Tierra que lo contente de ‘forma real y duradera’ , cae en la cuenta de que el esparcimiento es equiparable a una huida permanente y el tedio, espejo oscuro que nos persigue, es la forma en que se nos revela nuestra insignificancia, nuestra íntima nada frente al infinito” (p.42).

El aburrimiento, en curiosa analogía con las enfermedades venéreas, parece constituir a menudo un mal extranjero, algo que acecha al vecino que es quien le da nombre. Valga la paradoja de que la palabra empleada en francés para designarlo, spleen, sea inglesa mientras que la que se utilizá en inglés, ennui, sea francesa.

Tampoco escapa la sociedad digital hiperconectada de su reflexión: “¿Y no es también, en alguna medida, la definición secreta de internet? ¿No refleja el temblor, el estremecimiento a la vez banal y apabullante, de escribir una palabra, cualquier palabra, en sus motores de búsqueda? Demasiado pero nunca suficiente.” (p. 29)

El ensayo es especialmente sugerente en su recorrido por los múltiples autores que de alguna manera han abordado este particular mal. Creo que podríamos afirmar que la reflexión filosófica del aburrimiento nace de la mano de la aparición del yo, si bien adquiere otras formas en tiempos pasados. Mientras que Pascal es incapaz de encerrarse en su estancia a dibujar su propio retrato, Montaigne se encierra en su torre y escribe apartado del mundo sus Ensayos.

Y hallo más soportable el estar siempre solo que el no poder estarlo jamás. (Montaigne)

Aunque Montaigne se aisla en su torre, no da la espalda al mundo. Crea un espacio de reflexión. Baste recordar que una de las inscripciones grabadas en las vigas de madera del techo en su torre recoge la frase de Terencio “Homo sum, humani a me nihil alienum puto” (Soy hombre y nada humano me es ajeno).

La invención del “estudio, el cabinet, el ensoñadero, ese lugar de retiro personal construido a expensas de los espacios comunes de la casa” (p. 83) es clave en este aspecto, configura el yo, el espacio de auto-conocimiento y reflexión y también el espacio donde el tedio hace su aparición. Como apunta Montaigne: “¡Mísero aquel que no tenga en su casa un lugar donde pertenecerse, donde hacerse a sí mismo la corte, donde ocultarse!”. El autor recoge los casos de distintos escritores que buscaron un refugio, un retiro, para el pensamiento y la auto-exploración. Entre ellos, Thoreau, Wittgenstein, Nietzsche, Heidegger.

Luigi Amara sigue el ejemplo y se retira a una habitación acompañado de un puñado de libros durante 40 días, el mismo tiempo que Xavier de Maistre empleó en realizar el viaje por su cuarto. Su conclusión. Valga este fragmento: “¿Qué había sacado en claro de mi temporada en la isla desierta? Que el tedio se encarga con demasiado celo de no dejarnos en ningún momento solos. Que aún en la soledad más hermética siempre se está escoltado por uno mismo, por un yo sedimentado y persistente, un yo extrañamente tieso, de algo con ese muñeco de palo con el que hablamos a solas, que el tedio pone en evidencia y del que procuramos escapar, tal es el espeluzno que nos produce” (p. 172).

Del encierro, Amara resurge con grandes bríos, explorando la otra cara del aburrimiento a través de la aceleración y no de la quietud y el apartamiento. Marcha a Las Vegas: “El Epicentro de la Diversión, donde el aburrimiento es combatido sistemáticamente, las veinticuatro horas al día, es decir, donde el aburrimiento debe ser más abundante que en ningún otro lado” (p. 209). “Empecé a sospechar que más que la ciudad que ha abolido el aburrimiento. Las Vegas es la ciudad que lo ha vuelto vertiginoso, aquella en que el aburrimiento cobra tal velocidad que se confunde con la diversión” (p. 230). Coincido plenamente con esa impresión, Las Vegas en el día y medio que pasé en la ciudad constituyó una experiencia de lo más árida y aburrida, a pesar del bullicio y la actividad incesante.

Fotografía de Moyan Brenn con licencia Creative Commons.

Cabría concluir que para Amara, “A fin de cuentas, el aburrimiento es la ocasión de tomar distancia frente a uno mismo a través de la reflexión sobre uno mismo; una oportunidad, con todo lo incómoda y desasosegante que pueda ser, de replantearse la propia situación en el mundo, de girar sobre el propio eje y quizá dar un salto.” (p. 43)

Quizá la mejor síntesis de este estado vital a lo largo de la historia la escribe Pascal Quignard, en su obra El sexo y el espanto:

“El taedium de los romanos se prolongó hasta el siglo I. La acedia de los cristianos apareció en el siglo III. Reapareció bajo la forma de melancolía en el siglo XV. Regresó en el siglo XIX con el nombre de spleen. Y regresó en el siglo XX con el nombre de depresión. No son más que palabras. Un secreto más doloroso habita en ellas. Del orden de lo inefable.”

El libro está repleto de otras interesantes reflexiones: sobre las listas y el placer de enumerar, o sobre el rechazo de Adorno a la idea del hobby. El elemento oriental también hace su aparición. Parece que la filosofía oriental ha resuelto mejor el modo de enfrentarse al aburrimiento. Quizá la concepción cíclica de la vida empate mejor con esta idea, algo que se contrapone a nuestra idea lineal del tiempo. El aburrimiento es siempre un déjà vu.

Señalo también un par de ausencias, algo inevitable en una obra con una temática tan fértil. Por un lado Oscar Wilde y su retrato de Dorian Gray, una lectura reciente, en la que no solo se señala que el tedio es el mal más terrible de la época, sino que el libro de HuysmansÁ Rebours, con una amplia presencia en el ensayo es el libro que contaminó la mente del joven Gray, esa obra casi maléfica, que le inspira vivir una vida ajena a la moral. Por otra parte, me habría gustado que tratara la idea de nostalgia.

Citas

El libro está repleto de citas sugerentes. Incluyo una selección personal

  • Monstruo que en un bostezo se tragaría al mundo. (Baudelaire)
  • Contra el tedio hasta los propios dioses luchan en vano. (Nietzsche)
  • Que estraño que el aburrimiento, en sí mismo tan estático y tan sólido, tenga tal capacidad para ponernos en movimiento. (Kierkegaard)
  • Mis ojos están saciados y hartos de todo y, sin embargo, yo estoy hambriento. (Kierkegaard)
  • ¿Qué es pues el tedio? Es donde hay demasiado y, al mismo tiempo tiempo, no hay suficiente. Insuficiencia porque hay demasiado, demasiado porque no hay suficiente. (La nausea, Sartre).
  • Toda la desgracia del hombre viene de una sola cosa, no saber permanecer en reposo en su cuarto. (Pascal)
  • El patrimonio que más nos pertenece: las horas en las que no hemos hecho nada… Son ellas las que nos forman, las que nos individualizan, las que nos vuelven desemejantes. (Cioran)
  • Un estado que, no siendo el peor, es el más lamentable y molesto, porque no estoy del todo enfermo ni sano. (Séneca)
  • Ante todo, doble vuelta a la cerradura. Pienso que esa vuelta de la llave aumentará mi soledad y hará más fuertes las barricadas que ahora mismo me separan del mundo. (Baudelaire)
  • Dejadnos solos, sin libros, y al punto nos perderemos, nos embrollaremos, sin saber qué hacer ni qué pensar, sin saber lo que se debe amar ni lo que se debe aborrecer; igualmente ignorantes de lo que merece estima y de lo que solo ha de inspirar desprecio. Hasta los propios semejantes nos resultarían insufribles; nos avergonzaríamos del hombre verdadero, del que tiene carne y sangre; habríamos de considerar a ese prójimo como un deshonor. (Dostoievski)
  • Hay algo de exultante y a la vez de aterrador en la idea de que nada en el mundo sea tan único como para no poder entrar en una lista. (Georges Perec)
  • Mientras más limitaciones te impones, más fértil te vuelves en el terreno de la invención. (Kierkegaard)
  • Hay que trabajar, si no por gusto, al menos por desesperación, ya que está comprobado que trabajar es menos fastidioso que divertirse. (Baudelaire)
  • El aburrimiento no es un mal insignificante que consienta verse menospreciado. El aburrimiento hace que unos que se quieren tan poco mutuamente, como los seres humanos, se busquen recíprocamente pese a ello y se convierte en la fuente de la sociabilidad. (Schopenhauer)

Propósitos de lecturas

Aquí algunas de las referencias en el libro que pasan a formar parte de mi plan de lecturas.

  • Contra natura (Á Rebours), de Joris-Karl Huysmans.
  • Tratados morales, de Séneca.
  • Libro del desasosiego, de Pessoa.
  • Viaje alrededor de mi cuarto, de Xavier de Maistre.

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