En memoria de la obra perdida de Daniel Mordzinski

ACTUALIZACIÓN: Propuesta de homenaje a la obra perdida de Daniel Mordzinski.

A raíz de la trágica historia de la destrucción del archivo del fotógrafo de los escritores, Daniel Mordzinski, y tras escuchar el programa Hora 25 de la Cadena Ser en el que lo entrevistaban, se me ocurrió hacer un pequeño homenaje recordando mis vivencias personales con algunos de los escritores que él ha retratado a lo largo de su carrera. El resultado lo podéis var más abajo.

La propuesta es revisar sus fotografías y dejar constancia de nuestros recuerdos en torno a ellas, nuestra memoria literaria. Propongo compartirlas en Twitter con la etiqueta #homenajeMordzinski.

Leía hace unos días esta terrible noticia concerniente a la desaparición de buena parte del archivo de Daniel Mordzinski, fotógrafo argentino retratista de la literatura latinoamericana y mundial a través de sus imágenes de los autores que han marcado la segunda mitad del siglo XX y lo que va de este.

Daniel Mordzinski
Como apuntaba El País:

Miles de negativos, copias en papel, diapositivas… en suma, una parte importante del trabajo del fotógrafo durante 27 años (entre 1979 y 2006) fueron tirados a la basura por empleados del diario francés Le Monde durante una mudanza del despacho que el rotativo tiene cedido desde hace al menos dos décadas al corresponsal de EL PAÍS en París.

La destrucción de los pueblos suele ir ligada a la destrucción de su memoria, de su cultura. Al leer sobre este fatal suceso no pude dejar de pensar en la tragedia que ha supuesto en la historia la destrucción de libros, desde los documentos de las culturas prehispánicas hasta la quema de libros de los nazis, pasando por Inquisición o la destrucción de la biblioteca de Alejandría. En todos estos casos había una clara intencionalidad política o ideológica que motivaban estos hechos. En este caso, salvando las evidentes distancias, no hay nada de ello, es algo tan trivial como una mudanza. Quizá ello lo hace aún más incomprensible. Recuerdo la tesis que Hannah Arendt desarrolló sobre la banalidad del mal. En otro contexto, esa es la palabra que describe este hecho: banalidad.

Esta es la carta que actualmente puede leerse en la portada de la web del autor:

Queridas amigas y amigos,

créanme si les digo que no me queda más remedio que molestarles con esta historia… porque la historia lo merece y porque ustedes, queridos amigos, son los únicos que la pueden sostener. Acaso con su firma de apoyo, pero eso ya lo verán mejor que yo.

La indignación y la pena me devoran y me digo que treinta y cinco años de retratar las letras no merecen que me rinda ahora; y menos ante un hecho como el que les quiero, necesito relatarles:

Durante más de diez años utilicé, en virtud de la alianza entre El País y Le Monde un despacho en el séptimo piso de la redacción parisina del vespertino, donde guardaba miles de negativos y diapositivas originales, que hace unos días desaparecieron, así, sin más. Miguel Mora, el corresponsal de El País en Francia, llegó el 7 de marzo último a este despacho y se encontró con que lo habían vaciado totalmente sin avisarnos y que todas nuestras cosas habían desaparecido. Nos pusimos a buscar y encontramos en un sótano el gran archivador –que yo mismo pinté de negro hace 10 años–. Nadie sabe ni quiere saber por qué decidieron “desaparecer” mi trabajo de toda la vida. Miles de fotos tomadas a lo largo de veintisiete años. Veintisiete años de esperas, nudos en la garganta, noches en vela, revelados angustiosos… Más allá de la injusticia y del absurdo, me encuentro con la gran paradoja de que Le Monde brinda sus mejores titulares –y estoy seguro de que con los más sinceros sentimientos– para defender la libertad de expresión en Asia, el respeto por las tradiciones cuando hay una guerra o una catástrofe en exóticos lugares como Afganistán, Bosnia o Mali, pero miles de fotografías, centenares de dossiers con la leyenda « Cortázar », « Israel » « Escritores latinoamericanos », « Semana Negra de Gijón », « Carrefour de littératures », « Saint Malo », « Mercedes Sosa », « Astor Piazzola » etc, no les dicen nada y tiran todo a la basura sin consultar nada a nadie.

Necesito vuestra ayuda, aunque no haya nada que recuperar me gustaría que al menos quede constancia de que lo sucedido en Le Monde es más que una negligencia: es un profundo desprecio por un trabajo que forma parte de la memoria de nuestra cultura contemporánea, al menos en la medida en que sus protagonistas son los escritores que le dan naturaleza y dignidad a nuestra lengua y a nuestro mundo.

Solo se han salvado las cientos de fotos que alguna vez digitalicé para libros o exposiciones, el resto desapareció para siempre.

De veras que me da pena molestarles pero sé que comprenderán mi dolor y mi desazón.

Un abrazo grande.

Daniel Mordzinski

París, 18 de marzo, 2013

Pensando en ese material perdido, rescato una pequeña galería de retratos de la página web del fotógrafo. Se trata de una galería de autores y referencias personales que me hace darme cuenta que ante estos hechos, todos tenemos algo que perder.

Respetando las condiciones de uso que establece el fotógrafo en su página web, ninguna fotografía ha sido descargada sino que se enlazan desde su alojamiento en el propio dominio original.

Jorge Semprún
Jorge Semprún.
Un histórico de la resistencia en la Guerra Civil y en la Segunda Guerra Mundial. Fue ministro de cultura en el primer gobierno de Felipe González, aunque hizo su carrera literaria en Francia, su país de acogida. Leí su obra La escritura o la vida.
 

Antonio Muñoz Molina
Antonio Muñoz Molina.
Su obra Sefarad y un encuentro en el festival literario Passaporta en 2007 en Bruselas.
 

Francisco Ayala
Francisco Ayala.
Granadino. Tuve oportunidad de verlo y escucharlo en los actos de su centenario en Granada.
 

Juan José Millás
Juan José Millás.
Uno de los escritores favoritos de mi hermana y mío. El mundo refleja bien su estilo y la sensibilidad de su trabajo.
 

Miguel Delibes
Miguel Delibes.
El camino. La sombra del ciprés es alargada. Las ratas. El príncipe destronado.
Y la fortuna de contar con un par de libros firmados por el autor.
 

Adolfo Bioy Casares
Adolfo Bioy Casares.
La invención de Morel.
 

Carlos Monsiváis
Carlos Monsiváis.
Y su recién estrenada biblioteca en la ciudadela de los libros en la Ciudad de México, que dos veces acudí a visitar y ninguna pude conseguirlo.
 

Ernesto Sábato
Ernesto Sábato.
Sobre héroes y tumbas.
 

Gabriel García Márquez
Gabriel García Márquez.
Cien años de soledad. El amor en los tiempos del cólera.
 

Jorge Luis Borges
Jorge Luis Borges.
Ficciones. El aleph.
 

Mario Vargas Llosa
Mario Vargas Llosa.
Travesuras de la niña mala.
Y aquel encuentro fortuito en un autobús camino de Cambridge. Mi madre lo reconoció en las primeras filas del autocar que suplía el corte de vía de la ruta en tren. Era demasiada casualidad que yo llevara un libro suyo, sin embargo lo fue mucho mayor el que estuviera leyendo Los miserables en aquel momento. Su último libro era un ensayo con el título La tentación de lo imposible sobre esta obra. Es así que cuento con un libro de Victor Hugo firmado por Vargas Llosa, como este indicaba en la dedicatoria, en la común amistad con el autor francés.
 

José Saramago
José Saramago.
Ensayo sobre la ceguera. La caverna. Todos los nombres. Hasta que me acabé cansando.
 

Umberto Eco
Umberto Eco.
Apocalípticos e integrados ante la cultura de masas. El péndulo de Foucault. Gracias a esta extensa y en muchas partes pesada novela, despliegue de erudición, descubrí y visité repetidas veces el Musée des arts et métiers
de París
y su maravillosa iglesia adyacente donde la novela culmina. Ya siempre una cita en mi París mítica.
 

Paul Auster
Paul Auster.
Trilogía de Nueva York. Mr. Vértigo. El libro de las ilusiones. Sunset Park.
 

Ryszard Kapuściński
Ryszard Kapuściński.
Siempre tan emocionantemente humano. Este Heródoto de nuestro tiempo. Amigo y compañero de viaje. Ébano. El imperio. Viaje con Heródoto.
Y otros tantos que dejamos para otra ocasión.

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