Lecturas del verano de 2014: Carey y Ibargüengoitia

Aunque aún no ha acabado el verano, he ido acumulando una serie de lecturas en estos meses de las cuáles al menos me gustaría dejar rastro para el futuro. Cada vez me interesa más el historia de mis propias lecturas que la mera reflexión sobre el texto en sí, esto es, cómo he llegado a leer tal o cual libro, dónde, en definitiva, el contexto.

Desde mediados de mayo, en México DF, tuve oportunidad de leer: El secreto de Christine, de Benjamin Black ; La paz de los sepulcros, de Jorge Volpi; El misterio de la orquídea Calavera,  de Élmer Mendoza;  y Limbo, de Agustín Fernández Mallo. Cada una de ella con su reseña propia.

 

Me embarqué entonces en La naturaleza de las lágrimas de Peter Carey. La elección de este libro fue un tanto peregrina, una concesión al azar, ya que era un autor que desconocía y un tema que no me apasionaba excesivamente. En la librería El Sotano, en Coyoacán, tenían la oferta de un libro de la editorial Alfaguara de regalo comprando otros dos volúmenes de su colección. Los libros que me interesaban eran Limbo de Fernández Mallo y Los enamoramientos de Javier Marías. El de Peter Carey, dos veces ganador del premio Booker, fue el más interesante que vi entre los que podía elegir. Se trata de la historia de una mujer que trabaja en un museo de Londres conservando piezas antiguas, relojes, autómatas, etc. Muere su amante, director de dicho museo y con el objeto de ayudarla a superar su depresión uno de sus colaboradores le encarga la reconstrucción de un autómata fabuloso, un pato que un caballero inglés siglos atrás encargó para ayudar a superar a su hijo una enfermedad. Dos historias se superponen en torno al artefacto, la de ella en el tiempo actual y la del caballero inglés, contada a través de un diario. El libro no me gustó, su escritura no me atrapó y el tema y sus derivadas no llegaron nunca a interesarme. He leído que sitúan a Peter Carey como un candidato al Nobel. Desconozco como será el resto de su obra, pero esta me parece prescindible y no me ha dejado con más ganas de seguir profundizando. He revisado varias críticas, por lo general, negativas: Qué leer; El escorpión en El Mundo. Se puede consultar el dossier de prensa de la editorial Alfaguara. Leí el libro en México DF a lo largo del mes de junio.

 

Fui simultaneando este libro con un clásico de la literatura “costumbrista” contemporánea mexicana, Instrucciones para vivir en México, de Jorge Ibargüengoitia. Se trata de una recopilación de artículos de prensa publicados en el diario Excelsior en el que el autor repasa el alma de un país a través de diversos retratos centrados en la política, la vida cultural, las tradiciones y costumbres, los vicios y virtudes mexicanos. Una obra irónica, sarcástica en ocasiones, divertida especialmente para aquellos que han tenido oportunidad de conocer este fantástico país. Si bien escrita en los 70, el fresco que pinta Ibargüengoitia sigue siendo actual en muchos aspectos. El hecho de que el autor sea mexicano le da un valor añadido en este caso, ya que probablemente un retrato similar formulado por un extranjero habría sido considerado incluso ofensivo por ese orgullo patrio algo rancio, que quizá compartimos los pueblos hispanos, de no aceptar que otros nos saquen los colores. El libro en algunas partes se hace pesado, algo desactualizado, sin embargo es una lectura recomendable para todos aquellos que quieran acercarse a México a través de los ojos vivos e incisivos de un mexicano. Enric González señala que la obra “permite descubrir a una especie de Julio Camba con el sarcasmo desatado. Habla de México, pero vale para el mundo entero.”

Ibargüengoitia es un autor casi desconocido en España. Así lo apunta también González:

Conocí muy tarde a Ibargüengoitia. Un amigo que había vivido en México, Pedro Jesús Fernández, había recopilado y encuadernado todas sus obras y me las prestó en Roma. Quedé deslumbrado. Poco después, en 2007, publiqué un artículo que empezaba: «Hoy vamos a terminar enseguida: si no ha leído a Jorge Ibargüengoitia, compre alguno de sus libros y léalo. Es muy probable que no encuentre nada en las librerías españolas, lo que demuestra, una vez más, que la vida puede estar muy bien, pero el mundo está muy mal».

En efecto, apenas se encontraba nada. Javier Marías me envió una nota manuscrita (fue mi primer contacto con él) anunciándome la publicación, en su heroica editorial del Reino de Redonda, de una colección de crónicas de Ibargüengoitia titulada Revolución en el jardín. Luego supe que Juan Villoro, que le hizo el prólogo, también formaba parte de la secta ibargüengoitiana.

Su final fue trágico, o cuanto menos desafortunado, al fallecer en un accidente de avión cuando viajaba en el vuelo 11 de Avianca desde París con destino el aeropuerto de Barajas. Ocurrió el 27 de noviembre de 1983. En él murieron otros intelectuales y artistas que iban a Colombia invitados por el gobierno colombiano para asistir al Primer Encuentro de la Cultura Hispanoamericana.

Dejé mi ejemplar subrayado de Instrucciones para vivir en México en Culiacán, antes de regresar a España. La obra esta repleta de sabrosos pasajes que me habría gustado utilizar para ilustrar un artículo más extenso. Lo haré en un futuro.

La aparición de Javier Marías me sirve para conectar precisamente con la siguiente lectura, que comencé la última semana de julio entre diversos vuelos, de Culiacán a DF con objetivo final New York. Se trata de Los enamoramientos, a la que le he dedicado un artículo propio.

 

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