El maestro ignorante en la sociedad digital: nuevos medios para la emancipación intelectual

El pasado 10 de diciembre presenté en el congreso “Políticas de la literatura. Un diálogo con Jacques Rancière” la comunicación “Le Maître ignorant en la sociedad digital: nuevos medios para la emancipación intelectual” junto con mi amigo Carlos Magro (@c_magro). Al resumen de la comunicación que incluí en un anterior artículo, podemos añadir ahora la presentación publicada en Slideshare con abundantes citas sobre las que iremos construyendo una serie de artículos a modo de texto redactado para las actas del congreso. Incluyo también un breve encuadre de la obra y de la experiencia de Jacotot que da pie a la obra de Jacques Rancière sobre la que basamos nuestro trabajo.

La obra de Rancière El maestro ignorante: Cinco lecciones para la emancipación intelectual (original en francés Le Maître ignorant: Cinq leçons sur l’émancipation intellectuelle; versión en pdf) publicada en 1987 parte de la experiencia pedagógica de Joseph Jacotot, personaje polifacético, autodidacta que vivió entre 1770 y 1840, toda una época de revoluciones en las que participó en primera persona. Si bien la obra es potente en cuanto a sus planteamientos pedagógicos, Rancière explora fundamentalmente las consecuencias políticas de los mismos. En sí no es la educación el objetivo final de su texto.

Nuestro objetivo es reflexionar sobre las implicaciones pedagógicas de su planteamiento, o del planteamiento Rancière/Jacotot en el marco de la sociedad digital de nuestro tiempo.

 

Esteban Romero y Carlos Magro

El caso de Joseph Jacotot

Entrecomillado se incluyen las citas literales del texto que fácilmente se pueden localizar en el pdf de la obra.

“En el año 1818, Joseph Jacotot, lector de literatura francesa en la Universidad de Lovaina, tuvo una aventura intelectual.”

Tras una larga y accidentada carrera en la que fue en diversos momentos maestro de  retórica, análisis, ideología y lenguas antiguas, matemáticas puras y transcendentes y derecho; además de artillero del ejercito de la República, instructor militar, secretario del ministro de la Guerra, y finalmente diputado hasta la restauración borbónica en Francia, Jacotot afronta la última etapa de su vida en el exilio con un tranquilo puesto de profesor a medio sueldo en Lovaina. Sin embargo, como relata Rancière, “El azar decidió de otra manera. Las lecciones del modesto lector fueron rápidamente apreciadas por los estudiantes. Entre aquellos que quisieron sacar provecho, un buen número ignoraba el francés. Joseph Jacotot, por su parte, ignoraba totalmente el holandés.”

Sin ese espacio común de conexión lingüística, la obra Telémaco de Fenelon, cuya edición bilingüe acaba de publicarse en Bruselas en esos días, entra en su vida. “Hizo enviar el libro a los estudiantes a través de un intérprete y les pidió que aprendieran el texto francés ayudándose de la traducción.”

“A medida que fueron llegando a la mitad del primer libro, les hizo repetir una y otra vez lo que habían aprendido y les dijo que se contentasen con leer el resto al menos para poderlo contar.”

Jacotot, profesor progresista, hijo de la Ilustración, creía que la gran tarea del maestro era “transmitir sus conocimientos a sus discípulos para elevarlos gradualmente hacia su propia ciencia”. No tanto a través de un proceso de repetición o atiborramiento, sino solventando las dificultades que el proceso de aprendizaje presenta cuando se experimenta de forma autónoma. Así, “el acto esencial del maestro era explicar, poner en evidencia los elementos simples de los conocimientos y hacer concordar su simplicidad de principio con la simplicidad de hecho que caracteriza a los espíritus jóvenes e ignorantes.”

La experiencia sobrepasó sus expectativas. Pidió a los estudiantes así preparados que escribiesen en francés lo que pensaban de todo lo que habían leído. «Se esperaba horrorosos barbarismos, con impotencia absoluta quizá. ¿Cómo todos esos jóvenes privados de explicaciones podrían comprender y resolver de forma efectiva las dificultades de una lengua nueva para ellos? ¡No importa!. Era necesario ver dónde les había conducido este trayecto abierto al azar, cuáles eran los resultados de este empirismo desesperado. Cuál no fue su sorpresa al descubrir que sus alumnos, entregados a sí mismos, habían realizado este difícil paso tan bien como lo habrían hecho muchos franceses. Entonces, ¿no hace falta más que querer para poder? ¿Eran pues todos los hombres virtualmente capaces de comprender lo que otros habían hecho y comprendido?».

¿Qué experiencia transforma la visión de Jacotot? “Todo se había jugado forzosamente entre la inteligencia de Fénelon que quiso hacer un cierto uso de la lengua francesa, la del traductor que quiso ofrecer un equivalente en holandés y sus inteligencias de aprendices que querían aprender la lengua francesa.

Y resultó que no fue necesaria ninguna otra inteligencia.” No habían necesitado ningún otro intermediario.

Jacotot continuó explorando los caminos de lo que denominó “Enseñanza Universal”. Esta vez quería ser verdaderamente un maestro ignorante para lo cual desarrolló materias en las que no tenía competencia alguna: la pintura y el piano.

¿Cuál fue el resultado? Que los alumnos aprendieron.

Carlos Magro

Recomiendo la lectura de esta gran obra: provocadora, estimulante, discutible y con resonancias muy poderosas en el contexto social en el que estamos. Como diría además Rancière, recomiendo que la leáis directamente y no diseccionada por nadie, por más que en parte esa sea nuestra tarea.

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