Libro: “El hombre que no era nadie” de Edgar Wallace

Leí esta breve novela, que no llega a las doscientas páginas, entre Bubión y Granada en los últimos días de febrero, primeros de marzo. El hombre que no era nadie (The Man Who Was Nobody), publicada en 1927, constituye mi primera aproximación al escritor Edgar Wallace (1875-1932). Edgar Wallace fue hijo ilegítimo de dos actores británicos, quedando condenado a una infancia de pobreza. A los 21 años se unió al ejército y sirvió como corresponsal de guerra en Sudáfrica durante la Segunda Guerra de los Boers y posteriormente en el Congo donde fue testigo de los abusos de la colonización belga. Acuciado por las deudas empezó a escribir novelas de suspense, thrillers, para obtener ingresos, iniciando una destacada carrera como escritor. Destacan entre sus obras, una de las primeras The Four Just Men (1905).

En los años 30 se trasladó a Hollywood donde murió de forma repentina mientras trabajaba en los borradores de la película King Kong, a la postre su legado más perdurable. Si atendemos a las cifras de su producción (entre otras obras, 18 obras de teatro, 957 relatos breves, y unas 170 novelas), nos encontramos, como apuntaba The Economist, ante uno de los autores más prolíficos del siglo XX y a la par de los más desconocidos actualmente en su país, donde se pueden encontrar editadas pocas de estas novelas.

Edgar Wallace contribuyó al desarrollo del “thriller”, una estructura que se va desplegando como una secuencia en la que ningún personaje dispone de toda la información suficiente para resolver un caso que acaba finalmente desvelándose, uniendo todas las piezas que han ido apareciendo.

En este caso, El hombre que no era nadie constituye un buen ejemplo de esta propuesta en la que no hay ningún detective o policía que conduzca la búsqueda del misterioso asesinato de Sir James Tynewood. En la novela, aparece Sudáfrica como un lugar en donde hacer fortuna, mostrando el conocimiento adquirido por Wallace sobre el terreno. La trama se desenvuelve de manera lógica, unos hechos desencadenan otros, sin la aparente intervención de nadie que busque desentrañarlos.

Un libro fácil de leer, bien construido, aunque con unos personajes que no están dibujados con profundidad. Quizá algo alejado al tipo de novela de suspense actual.

 

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