Lecturas hacia finales de 2018

Tras una semana de agotador trabajo en Granada, Zaragoza y Madrid, pasé un fin de semana familiar en Madrid, donde tuve la oportunidad de descubrir una nueva librería por el barrio de Salamanca, a las espaldas de la Biblioteca Nacional. Se llama Los editores y está especializada en editoriales independientes, un tema que recientemente me toca de cerca por el proyecto liderado por mi amiga y compañera Ana Gallegos y financiado por Medialab UGR (Universidad de Granada), Ecoedit, en torno al cual estamos realizando también investigaciones muy interesantes. En mi visita a la librería adquirí el recién editado último libro de Yuri Herrera, autor ya consagrado de la literatura mexicana contemporánea con obras como Señales que precederán al fin del mundo, llenas de lirismo y de realidad social a través de un lenguaje plástico acuñado en la frontera con la lengua inglesa en el norte de México. Su última obra, de apenas 100 páginas, se llama El incendio de la mina El Bordo (Periférica). Representa un cambio de registro en su literatura, tras 5 años de silencio, ya que se trata de una obra de no ficción que narra su investigación, realizada a propósito de su tesis doctoral en la Universidad de Berkeley, sobre el incendio que se produjo a principios de siglo XX en la mina El Bordo en Pachuca. Un incendio que a las pocas horas de desatarse fue sofocado mediante el sellado de los pozos de la mina dejando dentro a casi un centenar de mineros, de los cuales al cabo de unos días siete aún permanecían con vida. Se trata de una historia de denuncia que busca preservar la memoria de un hecho en los que el dominio económico, la desigualdad, el racismo y el clasismo son elementos vertebradores. Se trata de una obra que sin embargo se distancia de la voz que conocía de Yuri Herrera y que me ha dejado frío en relación con mis expectativas. Quizá una obra de transición para retomar la vuelta al mercado editorial de un autor que junto a escritores como Julián Herbert representan de lo más original e interesante que he leído últimamente.

Un par de días antes en Zaragoza, el jueves 13 de diciembre, tuve la suerte de, mientras hacía tiempo para cenar, tropezarme con la librería Cálamo, una librería referente en la ciudad y parece que en España, que desconocía. Allí, en la planta superior, celebraban el acto de presentación de un libro de Nórdica, La conquista de los polos, una obra escrita por Jesús Marchamalo, cuya voz conocía por el programa de RNE La estación azul, y dibujada por Agustín Comotto. Los autores estaban presentes hablando sobre las apasionantes aventuras protagonizadas entre otros por Nansen y Amundsen y por el mítico barco Fram. Conseguí el libro con una hermosa dedicatoria. Su lectura ha sido muy reconfortante, una introducción breve pero ilustrativa a la gran aventura de la exploración del Polo Norte y del Polo Sur. Los dibujos son magníficos e invitan a soñar con las infinitas calamidades y vicisitudes de unos hombres recios, constantes, perseverantes pero también creativos y científicos.

Me sirven estas páginas para hacer repaso, al menos para dejar constancia, de algunas de las lecturas de este año. De las concluidas y de las que aún esperan un final. Lamentablemente, algunas que de las que ahora no hago buena memoria se me quedarán en el camino. Ha sido un año de moderada lectura y de mucha novela de no ficción. Un género que parece haberse convertido en el nuevo camino a la consagración por la que todos los autores deben pasar, sea cual fuera su trayectoria previa.

En este sentido destaco:

  • Una novela criminal, de Jorge Volpi (Alfaguara). Ganadora del Premio Alfaguara de 2018. Narra en un lenguaje casi procesal el caso Cassez-Vallarta en México. Una historia que aún permanece viva con su protagonista masculino en la cárcel esperando juicio desde hace más de 10 años. Un conflicto diplomático entre México y Francia. Una familia destrozada por lo que, como el autor descubre, no parece ser más que un burdo intento de hacer caer sobre una ficticia banda de secuestradores todo el peso de la ley y de la guerra contra Narco y los secuestros de Felipe Calderón. Un obra muy interesante que vale la pena leer. Segunda novela de Jorge Volpi que leo, tras La paz de los sepulcros, y que renueva mi interés por el autor.
  • El dolor de los demás, de Miguel Ángel Hernández (Anagrama). Cuenta la terrible historia del mejor amigo del autor, el cual en una Navidad de hace más de 20 años mató a su propia hermana y se suicidió posteriormente. La novela aborda la búsqueda de la verdad y de la comprensión de lo que sucedió por parte del autor, moviendo el foco desde el amigo hasta la figura de la hermana, víctima y personaje relativamente secundario en la historia. Se trata de una obra cruda en la que uno permanentemente dialoga y argumenta a favor y en contra de la propuesta literaria y vital del narrador, el cual en cierto modo viene a ser uno de los principales protagonistas.

Entre las novelas negras de este año:

  • Asesinato en el parque Sinaloa, de Élmer Mendoza (Random House).
  • El hombre de los círculos azules, de Fred Vergas (Siruela).

Otras novelas mexicana que descubrí con gran placer fueron:

  • Un mundo infiel, de Julián Herbert (Malpaso). Un verdadero maestro del lenguaje.
  • ¿Te veré en el desayuno?, de Guillermo Fadanelli (Almadía).

Ensayos como El entusiasmo, de Remedios Zafra (Anagrama), a la que además tuve la oportunidad de conocer a través de la conferencia que organizamos en Medialab UGR en octubre. También textos feministas, uno de los necesarios descubrimiento de este año, por ejemplo, Feminismo para principiantes, de Nuria Varela (Ediciones B). Y una crónica del 68 francés: París, mayo 1968. Crónica de un corresponsal, de José Julio Perlado.

Hay otras novelas que he comenzado a leer, sin aún haberlas finalizado: El viajero más lento, de Enrique Vila-Matas; Teoría King Kong, de Virginie Despentes; La cuarentena, de J. M. G. Le Clézio (Tusquets) y Mandíbula, de Mónica Ojeda.

Me dejo obras en el camino que a buen seguro iré recordando.

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