2012 un año en lecturas

Acaba un año y se cierra un ciclo, al menos en el artificio contable de los calendarios, que tan pronto traen fines del mundo como inicio de nuevas y prometedoras etapas. 2012 ha sido un año calamitoso en lo social y lo económico, especialmente en España. La única esperanza es la del que se zambulle en el agua aguantando la respiración mientras nada nada nada y confía en que pronto emergerá a la superficie y podrá respirar. Así nos encontramos como colectivo, cada cual desde su particular posición, pero en lo global solidarios de un sentimiento de ahogo que se hace viva realidad en los deshauciados y los parados, en los pensionistas y en los enfermos, y adelgazamiento y cinturón en buena parte del 75% de población activa, que tiene empleo.

Sirva lo anterior de contexto para recordar en los años venideros dónde nos encontrábamos allá en aquel quizá remoto 2012. La historia del año en lo personal ha sido muy positiva. Un año de acreditaciones (profesor titular, en esta ocasión), que no sé si llevarán a alguna mejora de contrato, de alguna que otra publicación, de reuniones del GrinUGR con nuevos y desvirtualizados amigos, de organizar cursos y seminarios, de charlas  y de idear proyectos con los que continuar avanzando en la investigación y en la innovación. Un año con un pie en México y otro en España. La oportunidad de conocer un país y una cultura tan hermana que el retrato de sus tradiciones, historias, lenguajes me devuelve el espejismo de lo que es España, una tierra tan mestiza, tan híbrida, tan impura en el mejor sentido, que su nacionalismo, su cerrazón y su desconocimiento del lugar único que ocupa en el mundo me genera desazón.

Tras años de desolación lectora (casi van para cuatro), barbecho improductivo, derivado de tesis, publicaciones, acreditaciones, plazas, etc., 2012 ha supuesto cierta recuperación del ritmo, del hábito de la lectura placentera o incómoda pero transformadora. Me gustaría recordar 2012 por algunos de los libros que he leído y que ahora acierto a recordar. Ínsulas del alma, universos paralelos donde vidas posibles mías o de otros se desarrollan, simulacros de lo posible o remembranzas de lo pasado.

Comienzo.

El club de los optimistas incorregibles, de Jean-Michel Guenassia (2010).  Extensa y evocadora novela que transcurre en  el umbral de la década de los 60 del siglo XX en el 5e arrondissement de París. Un retrato de una época de exiliados de los países bajo dominio soviético, del comunismo intelectual y su crítica, con intelectuales como Sartre de transfondo. Historias entrecruzadas de un siglo delirante visto a través de los ojos de un niño. La novela fue para mí un paseo por la historia y por las calles de un barrio en el que viví durante tres meses a finales de 2011. París más que un lugar físico es una estación de la memoria, como Comala o Macondo. París no existe, se recrea; ya lo visites en el recuerdo o a golpe de suela de zapato. Ciudad de desasosiego, confrontación de la realidad y el deseo.

 

Tres golpes de tacón, de Rebeca Irma Orozco Mora (2011). Novelita ligera sin pretensiones literarias sobre la historia de Josefa Ortiz de Domínguez, Corregidora de Querétaro y una de las adalides de la independencia de México. Para cualquier visitante de este país, uno de los nombres comunes de calles y plazas en cualquier ciudad y pueblo.

Viva la vida, de Edmond Baudoin (2011). Comic sobre la otra vida en Ciudad Juárez, ciudad fronteriza y peligrosa donde el drama de la violencia en México aflora como en ninguna otra.

El tulipán negro, de Alejandro Dumas padre (1850). Novela de aventuras e intrigas en la Holanda de la especulación tulipanera. Segunda novela que leo de Dumas tras El Conde de Montecristo, inolvidable epopeya. El tulipán negro representa el placer de sumergirse en un clásico magníficamente narrado.

Piedras ensangrentadas, de  Donna Leon (2005). Recomendación de mi amigo Javier Delgado, apasionado lector de literatura policiaca y fiel seguidor de la autora. Representa mi primer acercamiento al comisario Brunetti, quien en esta ocasión resuelve el caso de un asesinato de un emigrante subsahariano en Venecia vinculado al tráfico de piedras preciosas. Si bien la intensidad de la trama policiaca no es lo más reseñable de la novela, me gana la pasión de la autora por Venecia, donde transcurren todos los casos de Brunetti. Es un placer pasear por una ciudad, tan icónica como París, siguiendo los pasos de un investigador que se desplaza andando por los distintos barrios, mientras el lector observa la reposada cadencia de la vida veneciana ajena al tumulto de los turistas.

Fabula de Venecia, de Hugo Pratt (1977). Más sobre Venecia. Fantástico comic de Corto Maltés. Intriga veneciana en torno a la búsqueda de otras piedras preciosas. Las acuarelas de Hugo Pratt nos transportan a la ciudad de los canales y las plazas y los pozos.

El mal de Portnoy, de Philip Roth (1969). Primer acercamiento al autor, uno de los clásicos contemporáneos. La novela, tercera del autor y unos de sus primeros y más polémicos éxitos, transcribe el monólogo que Alexander Portnoy desarrolla en sus sesiones de psicoanálisis. Un retrato crudo y obsesivo de un personaje marcado por su infancia represiva en el seno de una familia judía.

Mal de escuela, de Daniel Pennac (2007). Memoria de los años de escuela de un autor que, siendo mal estudiante, acaba convertido en un reconocido escritor. Una reivindicación de los malos estudiantes, aquellos que no se adaptan al sistema, aquellos que más que ningún otro necesitan ser rescatados. Un libro no tan interesante como cabría esperar. Echo de menos en él un hilo narrativo, un elemento que lo vertebre y haga de su discurso algo más sólido.

Riña de gatos. Madrid 1936, de Eduardo Mendoza (2010). Afrontaba con ilusión leer algo de Mendoza, aunque sus maneras narrativas no me han cautivado. Espero que el libro no sea de lo mejor de su producción literaria.

Papá Goriot, de Honoré de Balzac (1834). Grande Balzac contando una historia sobre el desagradecimiento de unas hijas frente a un padre, Papá Goriot, que se despoja de todo para darles la felicidad material en la sociedad parisina del siglo XIX. Balzac no sólo narra magistralmente sino que se convierte en una voz más en el texto, juzgando y valorando a los personajes. Apunta continuamente con sus digresiones el lugar hacia donde mirar. Quizá esto resulta algo extraño para el lector de hoy en día acostumbrado a que la voz del narrador no se haga presente directamente en el texto tomando parte por los personajes. Al menos Balzac no engaña al lector con sutilezas narrativas.

El retorno del profesor de baile, de Henning Mankell (2000). Segunda policiaca del año. Primera del maestro del suspense escandinavo. Las frías tierras de Escania se hacen vívidas en una intriga que combina elementos de la Segunda Guerra Mundial y del nazismo en nuestros días. Quizá demasiado extenso y por ello a veces falto de ritmo. En cualquier caso, una aproximación a otras latitudes narrativas que me deja con más ganas de Mankell y de policías.

 

 

Ana Karenina, de León Tolstoi (1877). Sin duda, la gran aventura literaria del año. Una aventura además compartida con mi compañera de facultad Vanesa Barrales, a quien todavía espero a que cruce la línea de meta. Un libro que lo ocupa todo, un viaje por la estepa rusa, a veces árido, a veces monótono, siempre rico, intenso, magistralmente escrito. Un tema universal en una sociedad tan distinta a la nuestra. Una novela contundente que compromete al lector en un viaje auténtico, lejos del turismo de mucha literatura actual.

La conquista de América: El problema del otro, de Tzvetan Todorov (1982). Crítica del libro por E. Garduño. Ensayo imprescindible sobre el encuentro entre dos universos que en opinión de Todorov inaugura la edad actual. Nunca antes en la historia dos mundos se enfrentaron, se impusieron y se destruyeron, de una forma tan radical. Todorov narra el descubrimiento, la conquista de México y el proceso de asimilación e imposición cultural que de desarrolla a lo largo del siglo XVI. Su visión es la de un lingüista y teórico de la literatura que explica la supremacía de los españoles sobre los indígenas a partir de una clave original, su supremacía en la comunicación humana. La comunicación como arma, la incapacidad de comunicar con el otro como inferioridad ante el dominio de los hombres. La crítica y la explicación del mayor genocidio conocido. Se calcula que la población de América disminuyó de 80 a 10 millones a lo largo del siglo XVI. El principal culpable las enfermedades, lo siguen las matanzas y la explotación. La consideración del otro, como igual pero diferente. Un problema que surge por primera vez de forma radical y que plantea las preguntas, las soluciones y los errores con los que los países occidentales abordaron la colonización durante los siglos siguientes. Un libro imprescindible para conocer y conocernos. Un libro que toma posición para que errores del pasado en el encuentro con el otro no se vuelva a repetir. Un clásico.

Descubro esta frase de Todorov en Wikipedia. Me sirve para enlazar con Pinker al final del texto.

«…no se trata de establecer una verdad (lo que es imposible) sino de aproximársele, de dar la impresión de ella, y esta impresión será tanto más fuerte cuanto más hábil sea el relato…»

Un mes con Montalbano, de Andrea Camilleri (1998). Primer acercamiento al comisario Montalbano, que resuelve en esta novela 30 casos ,a modo de breves relatos, en su Sicilia natal. Un libro recomendable para leer de un tirón o, como propone el autor, una historia al día, a lo largo de un mes. En cualquier caso, un disfrute seguro.

Dejo alguna obra por el camino de la que ahora mismo no guardo memoria. En todo caso empiezo 2013 con algunas obras en mente y otras a medias. Entre ellas las siguientes:

A esto espero añadir una larga lista de lecturas enriquecedoras, compartidas con Marianela, Vanesa u otros amigos, y confío en imprimirles un ritmo más elevado. El reto, el opíparo ritmo de mi compañero de universidad JJ Merelo, que va a libro por semana.

Recientemente leía en una entrevista a Steven Pinker lo siguiente acerca de la ficción:

Las palabras nos permiten explorar los límites más alejados de la experiencia humana. Esa es la razón por la que una proporción importante de la narrativa, especialmente en el caso de los niños, tiene un componente mágico. ¿Hasta dónde es posible extender la comprensión del mundo yendo más allá de lo que experimentamos en el curso de nuestra vida diaria? Nuestras experiencias son limitadas y repetitivas. La inmersión en mundos imaginarios nos permite acariciar la posibilidad del milagro, la magia, la posibilidad de ampliar los límites del mundo violentando las leyes de la física, de la lógica y la psicología. Eso es una conjetura, una hipótesis acerca de por qué los humanos amamos de tal manera la ficción.

Si como apunta Todorov, la verdad se aproxima a través de la verosimilitud del relato, sólo me queda pensar que un 2013 más intenso y una vida más plena y verdadera se puede construir sólo a través de la construcción de nuestro propio relato y de los relatos paralelos que expanden nuestras vidas en la literatura y en el cine, la televisión, internet, en el arte en general. Una vida que rebosa los límites del género y del medio. Una vida expandida resultado de relatos múltiples hiperenlazados y transmedia.

Palabras y deseos para acabar un 2012 desde México, en ese impasse en el que el cambio horario subraya la relatividad de las coordenadas y de la existencia. Os deseo un 2013 de grandes historias, leídas y contadas, vividas. Como aquel lema que Natalia y yo adoptamos de García Márquez: Vivir para contarlo.

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