“Humanidades digitales. Humanismo, crisis, tecnología” en Lanjarón

Del 24 al 27 de agosto tuve la oportunidad de participar en la undécima edición del curso “Lanjarón: agua y cultura”, una propuesta interdisciplinar coordinada por el profesor Juan Alfredo Bellón y por la responsable de marketing del Balneario, Violaine Peyramond. Llegué al curso como ponente a partir de la propuesta de mi compañero José Manuel Ruiz, al que agradezco, junto a los organizadores, la posibilidad que me han brindado de compartir unos días estimulantes intelectualmente y entregados al relax y a la buena conversación y gastronomía. La cita cuenta además con la inestimable presencia de Antonio Carvajal, uno de nuestros más insignes poetas. Escucharle en las veladas poéticas ha sido un verdadero goce para los amantes de la poesía y de la cultura en general.

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El curso cuenta con un menú muy diverso a la par que equilibrado: poesía acompañada de buenos caldos, paseos por la naturaleza y aguas milenarias, humanidades digitales salpimentadas con física cuántica, nutrición y el descubrimiento de las fuentes de nuestra tierra, gamificación y poliorcética, salud y cine. Unas sesiones que transcurren al aire libre en el Rincón de los Poetas, un entorno natural poblado de cursillistas y “bañistas” embutidos en sus albornoces verdes.

Cada día tiene su baño en esta cita cultural que deja espacio para los goces del alma y del cuerpo. En definitiva una experiencia que me encantaría repetir y en la que os animo a participar.

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A pesar de que la vuelta al trabajo ha sido intensa, compruebo que fácilmente me dejo contagiar del relax del Hotel-Balneario de Lanjarón en el que tan buena acogida prestan sus responsables, Luis y Vio. Tal es así que casi olvido reseñar la presentación que tuve el gusto de realizar titulada: “Humanidades Digitales. Humanismo, crisis, tecnología”. Agradezco a todos aquellos que tuvisteis la paciencia de escucharme y conversar estos días.
 

Finalizo aprovechando para dejar constancia de mi satisfacción por tener entre el público a mi admirado Antonio Carvajal, de quien pude disfrutar unas breves pero inolvidables clases de métrica allá por el año 1998 ó 1999. Prometo si volvemos a cruzarnos el próximo año a llevar unos versos. Quien sabe si este encuentro me servirá para recuperar mi olvidada vocación literaria.